FEDAR: un pueblo donde la diversidad se convierte en familia

Por Leidy Cruz | Zona Joven Colombia

En la zona rural de Popayán existe un lugar que parece sacado de una historia inspiradora. Rodeado de naturaleza, tranquilidad y mucho amor, se encuentra FEDAR, una organización que desde hace más de 41 años trabaja por la inclusión y el acompañamiento de personas con discapacidad intelectual y diversas condiciones del neurodesarrollo.

Durante nuestra visita desde Zona Joven Colombia, conversamos con Diego Andrés Trujillo, coordinador de FEDAR, quien nos abrió las puertas de este espacio que sus integrantes no llaman institución ni centro educativo, sino algo mucho más especial: un pueblo llamado FEDAR.

Según explicó Trujillo, este proyecto nació gracias al esfuerzo y la iniciativa de madres de familia que buscaban apoyo para acompañar el desarrollo de sus hijos. Con el paso de los años, el sueño creció hasta convertirse en una gran familia que impacta a cientos de personas en el suroccidente colombiano.

“Es un espacio que se fue consolidando con mucho esfuerzo y con muchas personas que hacen parte de este proceso. Somos una familia grandísima”, expresó.

Actualmente, FEDAR cuenta con procesos agroindustriales, artísticos, artesanales y vocacionales que permiten fortalecer las capacidades de niños, jóvenes y adultos, promoviendo su autonomía y participación activa en la sociedad.

Uno de los aspectos más llamativos de FEDAR es su filosofía. Aquí no se habla de salones de clase ni de estructuras tradicionales. Sus espacios están organizados como un pueblo, con casas y entornos que buscan generar cercanía, pertenencia y bienestar.

“Cuando hablamos de un pueblo, hablamos de un lugar donde todos somos familia y todos podemos hacer parte del proceso”, explicó Diego Andrés.Esta visión busca romper con las barreras que muchas veces generan exclusión y crear ambientes donde cada persona pueda desarrollarse a su propio ritmo, respetando sus capacidades, talentos y propósitos de vida. Además, el entorno natural convierte a FEDAR en un espacio terapéutico que invita a desconectarse del ruido cotidiano y a reconectarse con lo esencial.

Al cierre de la entrevista, Diego dejó un mensaje que invita a la reflexión sobre la forma en que la sociedad entiende la discapacidad. “La discapacidad no siempre es individual; muchas veces es colectiva. Debemos aprender a sentir lo que el otro nos transmite, escucharlo y reconocerlo”, afirmó.

Para FEDAR, la inclusión comienza cuando entendemos que cada ser humano tiene algo valioso para aportar y que todos tenemos la responsabilidad de construir espacios más empáticos, respetuosos y accesibles.

Desde la zona rural de Popayán, este pueblo lleno de historias, aprendizajes y esperanza demuestra que la diversidad no es una barrera, sino una oportunidad para crecer juntos, porque en FEDAR, más que formar personas, se construyen familias, sueños y proyectos de vida.

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